miércoles, 28 de mayo de 2008

Cuento para que despiertes




¿Un cuento? ¿Quieres un cuento para despertar? Generalmente los cuentos son para dormir, pero está bien. Éste será un cuento para despertar. Mira, fíjate bien:

Hubo una vez, hace muuuucho, muuuucho tiempo, una princesa en un castillo muy bonito. Bueno, no era tan bonito, pero como a ella le gustaba, pues lo veía muy lindo. Era princesa de medio tiempo nada más, porque tenía que trabajar para informar a los demás de lo que pasaba en ese reino. Su trabajo era fabuloso, porque a ella le encantaba ver cómo la Historia y las historias se desarrollaban frente a sus ojos. Y en eso que conoce a un príncipe de otro reino muy lejano, un tipo altote y fortachón. Ok, ok, pues: no era tan fortachón. Era flaco y largo, como un espagueti, pero con unos ojos de no veas y con una sonrisa que hacía florecer a las plantas. Y bueno, este príncipe no sólo era príncipe, sino que tenía una cámara...

... Sí, como la de tu papi, nomás que la de tu papi es digital y ésta que tenía el príncipe era más antigua y maltratada, porque esto ocurrió hace muuuucho, muuuuucho tiempo... Ajá, nada qué ver...

Bueno, resulta que el príncipe y la princesa salían juntos a trabajar y así se hicieron muy amigos. Se contaban sus tristezas y sus alegrías. Viajaban por todo el reino y a veces compartían un solo sandwich o comían muy rico en restaurantes elegantes...

... mmmhhh, no tanto como el McDonalds, pero parecidos, sí...

Y en una de esas, el príncipe se tuvo que devolver a su reino, porque su mamá, la reina, se enfermó. Él le dijo a la princesa que cuando volviera, si volvía, iban a tener que hablar seriamente. Pasó el tiempo, casi dos meses, y se escribían cartas y se las mandaban por correo...

... No, mi amor. No había Internet en aquel tiempo...

Se extrañaban mucho. Los dos descubrieron que les costaba mucho estar separados, porque era como si les faltara la mitad de su ser. Pero un día, el príncipe volvió y la princesa se sintió muy muy feliz por el regreso de su amigo. Él le recordó que debían hablar seriamente. La verdad es que no hablaron gran cosa, pero se abrazaron mucho. Es que él le pidió que se casaran y ella supo que no podría decirle que no, porque eso significaría separarse. Sabía que si ella no quería casarse, el príncipe regresaría a su reino, así que como no se puede vivir sin la mitad del corazón, le contestó que sí, que se casarían.

La boda fue muy linda, con toda la corte acompañándolos. Vinieron duques, condes, archiduques y príncipes de otros reinos y el baile en palacio fue precioso. Todos cenaron muy rico, bailaron y se divirtieron mucho, y cuando iban a dar las 12, la princesa y el príncipe se escaparon de la fiesta para que no les pasara como a la pobre Cenicienta, y se fueron juntos y muy felices a comenzar su vida de casados, que no fue un "y vivieron felices para siempre", como dicen estos cuentos...


... Nop, por eso son cuentos...

Lo bueno es que cuando estaban tristes o enojados, siempre pensaban en el otro y trataban de que lo malo, les dejara algo bueno de regalo. Y bueno, pasó el tiempo y los dos crecieron y maduraron y a pesar de que a veces discutían, aprendieron a amarse más todavía, porque entendieron que lo que no cuesta, no se valora. Los dos soñaban con tener un principito o princesita, porque tenían mucho amor para darle. Y así llegaron sus dos hijitos, tan deseados y tan amados que ya no hubo nada más en aquel reino, ni en cualquiera otro, que los hiciera más completos ni más felices. Y tan-tán: ¡colorín colorado, este cuento se ha acabado! ¿Te gustó?

... ¿Un hechizo? Sí, hubo uno. Se llamaba Infertilidad...

... Ah, pero claro que lo vencieron!

... ¡Pues con amor! ¿con qué creías? Con eso se resuelve todo!

... Yo también te quiero mucho, mi cielo... ¡Y ahora a correr, que se nos hace tarde para la escuela!